La empresa vende a otras empresas. Cientos de clientes mayoristas, cada uno con su lista de precios, sus descuentos y sus condiciones de pago negociadas.
Softland administraba todo eso bien. Inventario, facturación, cobranza y documentos tributarios funcionaban sin problema y no había razón para tocarlos.
El problema era que esa información no salía a ninguna parte. Los pedidos llegaban por correo y WhatsApp, sin códigos y con nombres comerciales. Alguien los interpretaba, revisaba condiciones en el ERP, respondía, y después los digitaba.
El mismo pedido escrito tres veces, y en cada paso una oportunidad de equivocarse.
El encargo original era una tienda en línea. Pero antes de construir nada había que responder una pregunta más básica: qué es exactamente lo que el ERP no puede hacer.
Esto no es una crítica al ERP. Softland es un sistema de gestión interna y hace bien lo que le corresponde. Vender en línea requiere capacidades que sencillamente no están ahí, y esas son las que construimos.
La información del catálogo existe, pero solo la ve quien tiene usuario del ERP y sabe usarlo. El cliente que quiere comprar tiene que preguntar.
Un catálogo real, con buscador, categorías y fichas de producto. El cliente entra con su cuenta y compra sin llamar a nadie.
No hay forma de que un cliente arme un pedido a lo largo de la tarde, lo deje a medias y lo retome. Un ERP registra documentos cerrados, no intenciones.
El pedido se arma cuando el cliente puede, y las unidades quedan apartadas mientras decide. Dos clientes no compran la misma última caja.
Los precios y descuentos por cliente están cargados en el ERP, pero no hay manera de exponérselos sin que alguien se los lea por teléfono.
Cada cuenta ve su lista de precios, sus descuentos y su crédito disponible. Lo que negoció, no un precio de vitrina.
Suma entradas y resta salidas. No descuenta los pedidos ya prometidos ni lo apartado en carritos activos. Publicar ese número es sobrevender.
Al físico se le resta lo comprometido en pedidos pendientes y lo reservado en carritos. El número que se publica es el que se puede despachar.
El cliente no puede revisar su historial, repetir una compra anterior ni consultar el estado de su pedido sin escribirle a un vendedor.
Historial completo, reposición de una compra anterior en un clic y estado del pedido en línea. A cualquier hora y sin intermediarios.
Los perfiles del ERP están pensados para empleados. No existe un modelo de acceso para que cada cliente vea únicamente lo suyo.
El cliente ve lo suyo, el vendedor su cartera y el jefe la de su equipo. Cada uno accede solo a lo que le corresponde.
Queda el asiento contable del documento final, pero no queda constancia de quién hizo qué mientras el pedido se estaba armando.
Quién, sobre qué registro y a qué hora. Cuando algo no cuadra, hay evidencia verificable en vez de una discusión de opiniones.
Las siete piezas anteriores dependen de un dato al día. Y hay dos formas obvias de conseguirlo, las dos malas.
Consultar Softland en cada visita. El portal muestra datos frescos, pero deja lento al ERP y con él a toda la empresa. Facturar empieza a demorar el triple y nadie entiende por qué.
Cargar una vez al día. No molesta a nadie, pero el portal anda con información de ayer. En precios y stock eso no sirve.
La salida fue invertir la relación.
Si algo falla, el registro se queda en la cola y se reintenta. Nada se pierde en silencio.
El pedido viaja en la dirección contraria por el mismo principio: se confirma en el portal y se escribe directo en Softland como documento del ERP. Nadie lo vuelve a digitar.
El ERP no se reemplazó ni se modificó. Se le construyó alrededor lo que le faltaba.
¿Cómo se entera el portal de que algo cambió en el ERP?
Si pregunta en cada visita, vas a dejar lento a Softland.
¿El stock que se publica descuenta lo ya comprometido?
Si no, vas a vender lo que ya tiene dueño.
¿Los pedidos entran solos al ERP?
Si alguien los digita, no integraste nada. Moviste el trabajo de lugar.
Este proyecto corresponde al servicio de Ecommerce B2B y B2C. Tienda con listas de precio por cliente, stock real y pedidos que ingresan directo a Softland.
Una reunión de 30 minutos. Revisamos tu requerimiento y te decimos si tiene solución, cuánto demora y cuánto cuesta. Si no podemos ayudarte, también te lo decimos.
Respondemos en menos de 24 horas hábiles.
Gracias. Te respondemos a tu correo en menos de 24 horas hábiles.